Invención no. 150 de Raúl Lozza

Por Laura Hoptman

Publicado originalmente el 11 de enero de 2017 en post del MoMA 

Este ensayo es el tercero de una serie de textos comisionado por el MoMA post sobre las obras y artistas que forman parte de la donación de arte moderno de la CPPC a MoMA. Es un placer volver a publicarlo aquí y traducirlo al español para nuestros lectores. Estaremos publicando y traduciendo ensayos adicionales que se publicarán primero en post sobre otras obras en la donación.


La obra Invención no. 150 de Raúl Lozza recientemente pasó a ser parte de la colección del MoMA. En este artículo, la curadora Laura Hopman comenta sobre la importancia de esta pintura Concretista de 1948, la cual conecta los movimientos del Concretismo, Neo-Concretismo y arte Conceptual.  

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Raúl Lozza, Invención no. 150, 1948. Promised gift of Patricia Phelps de Cisneros
through the Latin American and Caribbean Fund. The Museum of Modern Art, New York

La carrera de Raúl Lozza de sesenta años como pintor estuvo dedicada a la exploración y al desarrollo radical del Concretismo, como fue definido por pintores europeos antes e inmediatamente después de la II Guerra Mundial. En 1945, Lozza se unió a la Asociación Arte Concreto-Invención con sede en Buenos Aires. Inspirados por Piet Mondrian, Theo van Doesburg y el artista suizo Max Bill, los miembros de la Asociación defendían su propio sello de lo que van Doesburg llamaba Arte Concreto, definiéndolo como un tipo de arte “construido de elementos puramente plásticos (líneas, planos, superficies, colores); desprovistos de referencias a la naturaleza, al lirismo, al simbolismo y a lo inconsciente; y sin ningún significado más allá de sí mismo.”[1] El “Manifiesto Invencionista” de 1946 de la Asociación, del que Lozza era signatario, hace eco del llamado de van Doesburg a desapegarse de los objetos de la naturaleza, condenando “la ilusión de la representación” a favor de lo que el grupo llama “estética científica de la invención”.[2]

Dos años después Lozza se separó de la Asociación para crear su propio movimiento el cual nombró “Perceptismo”. Compuesto por sólo cuatro personas, dos de las cuales eran hermanos de Lozza, el grupo compartía el punto de vista de la Asociación Concretista pero lo expandió más allá de los límites del lienzo y el bastidor. Sus miembros proponían el completo rechazo del marco y de la idea concurrente de la pintura como una ventana. En su lugar, favorecieron lo que Lozza llamaba “muros de color” que eran concebidos como paredes reales pintadas en monocromo sobre las cuales flotaban formas en relieve. En la práctica, el concepto de Lozza de un muro continuo de color se traducía en pinturas con campos lisos monocromáticos que cruzaban ininterrumpidamente desde un borde a otro de la superficie de la obra. No obstante, el deseo de que los elementos pictóricos – particularmente el color – escaparan los límites del lienzo y colonizaran el espacio arquitectónico fue profético, pues presagió el Neo-Concretismo, movimiento de origen brasileño que una década más tarde traería el color y la forma al espacio tridimensional.

Realizada en 1946, Invención no. 150 es una de las primeras obras dentro de los principios del Perceptismo y es, por supuesto, un ejemplo de Concretismo en la cúspide de la revolución Neo-concretista. De tamaño modesto, la obra consiste de una configuración de formas no objetuales que, como el título sugiere, son completamente inventadas. Son biomórficas pero no aluden ni simbolizan nada en la naturaleza. Son lo que son – nada más ni nada menos – y como tal son no-metafóricas. Colocadas en una composición centrifuga sobre un campo monocromático de color densamente pintado, estas formas no están incrustadas en el fondo liso y opaco;  flotan en relieve en un plano justo por encima de la superficie de la obra, asociadas pero autónomas con respecto al fondo. 

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Raúl Lozza, Relieve no. 30, 1946. Promised gift of Patricia Phelps de Cisneros
through the Latin American and Caribbean Fund. The Museum of Modern Art, New York

En Invención no. 150, la composición tradicional y la paleta de colores son reemplazadas por una organización no jerárquica, gobernada por un conjunto de reglas propias del artista. Esto se hace evidente por dos diagramas en la parte de atrás de la pintura: un dibujo que constituye un mapa de la colocación de cada forma, y otro que da las claves que marcan las relaciones de color. Estos diagramas revelan dos planes predeterminados, o “sistemas” que no describen tanto como prescriben la creación de la obra. Presagiando el arte Conceptual que florecería más de 20 años después, son un conjunto de instrucciones que, tomadas todas a la vez, traducen Invención no. 150 en una especie de sistema o, en palabras de Sol Lewitt, en una “máquina que hace arte”.[3]

Invención no. 150 es un conector temprano para al menos dos generaciones de artistas que experimentaban con el Concretismo, Neo-Concretismo y el arte Conceptual. Como pintura, es un logro único pero también es un ejemplo fundamental del desarrollo de una forma progresiva de Concretismo en Suramérica.  


Siendo la cara pública del C-MAP (Contemporary and Modern Art Perspectives), el post incluye notas sobre arte moderno y contemporáneo alrededor del mundo, y puede leerse aquí.


[1] Theo van Doesburg, “Base de la peinture concrete”, como citado por Valerie L. Hillings, “Concrete Territory,” en Beyond Geometry: Experiments in Form, 1940s–70s, ed. Lynn Zelevansky (Cambridge, MA: MIT Press en asociación con el Museo de Arte del Condado de Los Angeles, 2004), 50.

[2] Asociación Arte Concreto-Invención, “Manifiesto Invencionista”, 1946.

[3] Sol Lewitt, “Párrafos sobre Arte Conceptual”, Artforum 5, no. 10 (Verano 1967): 79-83.