Sobre ser negra y el futuro

Octubre 9, 2020

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Ana Beatriz Almeida, Kalunga- série Kalunga (2015). Fotografía de performance, impresión de arte, 70 x 100 cm. Fotografía de Luara D.

Permíteme hablar más fuerte que mis cicatrices / Son solo accesorios, ni siquiera deberían estar aquí. 
Letra de Emicida, Pabllo Vittar y Majur en "AmarElo" (2019)

¡Un futuro negro no es un acto de venganza!

Como curadora negra, posiciono mi cuerpo como una posibilidad de lenguaje: un vocabulario para hablar sobre la resistencia. Mi cuerpo lleva las huellas de su lugar de “origen” y deja un silencio que puede verse, un silencio que se asimila en el movimiento y se percibe como baile. Relegada a un exilio ontológico, se me ha obligado a dejar mi cuerpo. He sido sujeta a secuestros y supresiones. Sin embargo, estas historias de agresión y desplazamiento siguen siendo mías para encarnarlas. La insistencia en convertirnos en el futuro es hoy nuestra lucha social más urgente. Imaginar un futuro negro es una invitación a ser y vivir juntos. Implica colaborar con artistas, curadores y comunidades que reflexionan sobre los ritmos de opresión que han marcado sus cuerpos a lo largo de quinientos años desde sus experiencias originarias y afrodiaspóricas.

Ser mujer, negra y madre no es un tema sino un lenguaje y la posibilidad de resistencia. Esto no me hace diferente. Más bien, me hace estar dispuesta a entender lo esencial que es mantener y reproducir la vida. Me hace capaz de relacionarme con una multiplicidad de pueblos sin asumirlos como mis opuestos, mis alteridades.

Mi trabajo se basa en la investigación poética y, a través de ella, observo dinámicas de silenciamiento: tecnologías y estructuras coloniales, supresión, olvido y negación. Observo esos contornos estructurales que, a través de la violencia, organizan el ciego desmontaje neoliberal de lo humano.

La deshumanización a la que nuestros cuerpos negros están constantemente sometidos desencadena potentes respuestas de resiliencia. Por eso mi práctica curatorial está definida por la lucha. Esta lucha es mi forma de apropiarme del futuro. El método para ello es el amor. Estoy hablando de actos radicales de escucha. Desmantelar la supremacía blanca es el único camino que nos queda y es también uno que sigue rastros del futuro: la imaginación como un acto radical de cuidado. Escribirme en una historia que continuamente silencia y niega cuerpos como el mío, comunidades como la mía, implica equilibrar los procesos intelectuales, sensibles y curativos. Por eso el amor como método de curaduría socava el odio, la forma común en que se encarna el sistema mundial hoy.

A través de mi reflexión y trabajo constante como curadora, contribuyo a conectar comunidades relatando las historias de naciones estigmatizadas como tribus, que han sido y aún están sujetas a políticas de olvido, negación y marginación sistémica. Trabajar con comunidades africanas y afrodescendientes en todo el mundo es ya una forma de construcción de mundeidades.

El futuro es para quienes viven juntos.

Por invitación de Joaquim Sanchez a pensar juntos en la X Bienal SIART de Bolivia (2018), utilicé esta visión curatorial para investigar las estructuras silenciadoras. Sugerí entonces orientar la bienal hacia formas de vida alternativas que ya existen en Bolivia.

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Ceremonia de apertura de la X Bienal SIART, 2018. Bolivia. Gif de Keyna Eleison.

El número de afrobolivianos que trabajan con arte es sumamente pequeño, sobre todo porque la población negra de Bolivia es solo el 0.15% de la población indígena, la mayoritaria del país. Así, para integrar en el sistema de bienales las modalidades africanas de resistencia al colonialismo, buscamos reimaginar los significados y las formas del arte partiendo de otras estructuras de vida. 

El nombre y tema de la bienal provienen de un proyecto de la cineasta colombiana Diana Rico y su pareja Richard Décaillet, titulado El origen de la noche (2016–2017). Su trabajo surge de una investigación que reunió una variedad de sonidos de los archivos de naciones indígenas en Colombia, como Andoque, Murui, Tatuyo y Barasano, Wayuu, Kogi y Tubú. Estos sonidos fueron luego interpolados por las autoridades indígenas tradicionales, lo que resultó en una instalación de sonido inmersiva.

Junto a María Belén Saez y Ramon Castillo Inostroza, curadores y educadores, iniciamos una conversación sobre la idea de territorio como lenguaje. Para problematizar la cuestión del origen, aprovechamos el hecho de que la bienal se desarrolló en varios museos y centros culturales como el Museo Nacional de Arte y el Tambo Quirquincho. También se expandió fuera de las fronteras de la capital a ciudades como Cochabamba y Santa Cruz. Este proceso me llevó a la región de los Yungas, donde grandes comunidades de afrobolivianos viven aquilombados, una forma de vida comunitaria habitual entre las poblaciones afrodescendientes. En Bolivia, estos aquilombados encarnan una forma de vida en la que las personas experimentan la estrecha relación entre los rituales de adoración, las tradiciones musicales y el cultivo de la hoja de coca.

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Paisaje de Chipchipa en la región de Yungas, Bolivia. Fotos tomadas en viajes de investigación, 2018. Foto de Keyna Eleison.

Viajar por el territorio, pasar tiempo recorriendo esta geografía y conocer a locales afrobolivianos me permitió intercambiar y compartir. Algunas de las personas a quienes conocí fueron Freddy Mamani (arquitecto), Marco Quispe (investigador), Elvira Espejo (artista y curadora), Danitza Luna (artista), Juan Angola Maconde (historiador) y Sháron Pérez (artista). Recorrer estos lugares y entablar diferentes conversaciones me dio la posibilidad de generar intercambios que continúan creciendo hasta el día de hoy. La Bienal fue el comienzo de mi relación con Bolivia.

No es ningún secreto ni novedad que los secuestros de esclavos desarraigaron a muchas familias reales de sus reinos en el continente africano. Existen muchas historias transmitidas oralmente de generación en generación. Se dice que un rey de la región hoy llamada Congo, fue llevado a Bolivia y fue reconocido por los esclavos. Desde entonces, han rendido pleitesía a su linaje real. Sigo esperando mi encuentro con Angélica Larrea y Julio Pinedo, los honorables reina y rey ​​del pueblo afroboliviano. Más que rendirles homenaje, me interesaba reunirme con la realeza para intercambiar ideas sobre lo que para ellos podría ser arte, lo que concebían como arte y cómo lo producen. Pero he aprendido que el silencio y la espera son parte del proceso. Y la espera ha sido un regalo que viene con la música Saya, un ritmo afroboliviano que me hace bailar y pensar en comunidad. El nombre de la danza se refiere a quicongo nsaya: trabajar colectivamente, comandados por voces cantantes.

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Paisaje de Chipchipa en la región Yungas, Bolivia. Fotos tomadas en viajes de investigación, 2018. Foto de Keyna Eleison.

Basándome en mi conocimiento encarnado, utilizo mi práctica curatorial para asegurar que los ejercicios de discontinuidad y extinción no permanezcan invisibles o pasen por camuflaje. El sufrimiento no será olvidado y mucho menos romantizado; es un capítulo decisivo, pero no uno escrito por mí. Dejemos que la violencia se vea y se esclarezca.

He estirado mi cuerpo a una extensión que se puede llamar un intercambio. Mi investigación ayuda a expandir los contornos de las cosmogonías y verdades occidentales. Usando la estructura colonial misma como un dispositivo, la radicalización de mi curaduría pone en primer plano las perspectivas intelectuales tanto afrocéntricas como indígenas en América del Sur.

¿Cuáles son las alianzas posibles? ¿Qué nueva idea de futuro pueden producir las colaboraciones entre negros, indígenas y mestizos? ¿Cómo ayuda la resiliencia a crear fisuras para otros futuros posibles en medio de los más altos niveles de violencia?

El futuro es negro: oscuro, lleno de memoria y de amor.


Keyna Eleison, Curadora. Escritora, investigadora, heredera de Griot y chamána, narradora, cantante, cronista antigua. MAestra en Historia del Arte y especialista en Historia del Arte y Arquitectura de la PUC - Río (Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro); Licenciada en Filosofía por la UFRJ (Universidad Federal de Río de Janeiro). Miembro de la Comisión del Patrimonio Africano para el reconomiento de la región de Valongo Wharf como Patrimonio de la Humanidad (UNESCO). Curadora de la X Bienal Internacional SIART, Bolivia.

Actualmente es cronista de la revista Contemporary &, y profesora del Programa de Libre Aprendizaje de la Escuela de Artes Visuales Parque Lage, Río de Janeiro y directora artística de MAM-Rio con Pablo Lafuente.


Notas para una Horizontal-ismo: Hacia la posibilidad de construirnos juntos en un ensamblaje, es un proyecto que responde a nuestras muchas emergencias. Como la creciente incertidumbre de habitar un mundo en crisis amenaza nuestra existencia en el futuro, esta iniciativa editorial busca contribuir a la construcción de un pluriverso desde la perspectiva del arte latinoamericano.