Otros conflictos de la fotoescultura

Julio 17, 2014

¿Qué hace que la documentación de una exposición, particularmente de las décadas de los sesenta y setenta, sea tan nueva, tan cautivadora? Empecemos con la calidad de la imagen: blanco y negro, con el grano fotográfico expuesto, con un enfoque democrático desde el frente hasta el fondo, inalterado por la presencia humana o incluso por la idea de visitantes. Por lo general vemos estos documentos a pequeña escala, como figuras comparativas en un ensayo académico o, con menor frecuencia, impresas en un catálogo de la época. En exposiciones de museos de carácter histórico a veces nos encontramos con este tipo de imágenes ampliadas y adheridas a las paredes, como un telón de fondo contextual de las obras expuestas. Rara vez se convierten en objetos en sí mismos.

En Other Primary Structures, la inspirada y provocadora exposición que se presenta en el Jewish Museum, lo primero que vemos (después de pasar por el pasillo de la entrada de brillante colorido con sus textos espejeados en las paredes y su línea del tiempo invertida) son estas fotografías: documentos de la exposición original de 1966, ampliados a escalas monumentales y montados en triplay puestos en perspectiva. Aquí se reafirman como objetos, casi obras de arte por derecho propio, y hasta están incluidos en las cédulas colocadas en las paredes. Las fotografías están subtituladas con un registro exacto de las esculturas que retratan: una esmerada mise en abyme.

¿Por qué son estos monolíticos intrusos en el espacio de la galería tan sexys, tan divertidos a la vista? ¿Es la pantalla del moiré que evoca orígenes humildes en las páginas de una publicación anteriormente impresa?; ¿su resolución monocromática que los dota de esa presencia imperturbable?; ¿su escala absoluta, la disyunción entre los blancos interiores minimalistas reproducidos y los adornos neoclásicos de las salas que ahora habitan?

Una cosa está clara: si esto es una competencia, un partido de fútbol internacional, entre los documentos de otra época más simple en la que la inclusión, la globalización y el Poscolonialismo eran ideas nacientes, versus los artefactos reunidos a través de un proceso de selección alternativo, entonces el equipo local tiene la ventaja. Los objetos del llamado Tercer Mundo, las obras de arte no alineadas que pueblan la mansión del Jewish Museum hoy en día, parecen insignificantes en comparación con estos murales imponentes.

Una fotografía es resuelta; es decisiva; ofrece una perspectiva fija y una sola ruta para navegar su plana superficie. Una exposición, por el contrario, está más cercana al ideal de Vertov: el ojo del espectador existe en todas partes, escrudiñando cada objeto desde cualquier posición que ocupa. Tal vez esta tensión sea parte del argumento curatorial: el abismo entre un momento mitológico semi-olvidado de anterior inocencia, y el momento actual en el que tenemos que elegir un punto de vista político, geográfico, y de otro tipo. En esta guerra entre lo ausente y lo conocido, el silencioso e inmutable jugador siempre aparece a la cabeza.