Museo de las presencias

Agosto 12, 2016

Las importantes exposiciones en este debate—la Mostra do Redescobrimento (Biennial, 2000), Histórias Mestiças (Instituto Tomie Ohtake, 2014) y 34 Panorama da Arte Brasileira da Pedra da Terra Daqui (MAM, 2015)—revelaron el complejo pluralismo de las historias de arte brasileño. Las tres exposiciones acercaron objetos arqueológicos y etnográficos brasileños a un público amplio, pero lo hicieron específicamente dentro del bien financiado sistema de las instituciones de Sao Paolo que están dedicadas al arte moderno y contemporáneo. No obstante, ¿cuál ha sido su impacto general en el presente y el futuro de Brasil? ¿Cuál es el peso político de este tipo de exposiciones en función de la construcción de instituciones, especialmente con los segmentos tan poco representados de la población brasileña?

Estas exposiciones crearon nuevos entrecruzamientos estéticos y generaron nuevas obras de arte contemporáneo. Todas hicieron uso de técnicas de curaduría empleadas desde los ochenta, especialmente las yuxtaposiciones de artefactos históricos con arte moderno y contemporáneo, despliegues escenográficos y objetos etnográficos cuya instalación revelaba la violencia colonial.

Citado por Nelgon Aguilar como la musa para la bienal de Redescobrimentos en el 2000, el proyecto del Museum of Origins de Mário Pedrosa, inaugurado en 1978, propuso una reorientación radical de la infraestructura museística de Brasil. Después del catastrófico incendio en el Museu de Arte Moderna de Río de Janeiro, Pedrosa sugirió crear cinco museos independientes, administrados por el estado: museos para el arte indio, moderno, de la Virgen, de la población negra y del arte popular tradicional. Haciendo eco de una inquietud repetida desde los albores del avant-garde, el proyecto trunco de Pedrosa partía de la base de que las formas de arte históricas y etnográficas tenían un valor fundamental como inspiración para artistas contemporáneos.

¿Cómo podemos repensar la idea de Pedrosa 38 años después, en 2016?

Hoy en día, cada vez más museos nuevos abren sus puertas. Solo en Río, por ejemplo, se inauguró el Museu de Arte do Rio (MAR) y el controvertido Museu do Amanha, mientras que museos más tradicionales, como Casa Daros, han dejado de existir. Muchas de estas instituciones utilizan despliegues yuxtaposicionales de objetos antiguos y contemporáneos con nuevos objetivos en mente. Por ejemplo, el MAR combina obras de arte contemporáneas, objetos históricos, textos y otros medios para instalar exploraciones temáticas que operan más como una sociedad histórica que como un museo de arte. Algunas instalaciones han incluido la historia colonial de Río como un puerto de esclavos, la dislocación y reconstrucción de sus barrios urbanos, así como ambientes ecológicos y culturales del Amazonas. Aunque las prácticas de instalación del MAR han resultado extrañas para algunos visitantes acostumbrados a espacios más limpios y claros, debemos admirar la energía del lugar, siempre lleno de jóvenes estudiantes de Río.

En el Museu Histórico Nacional (MHN) –menos sexy, pero también uno de mis museos favoritos en Río- los curadores contextualizan la historia cultural de Brasil en cuartos temáticos, ordenados cronológicamente. En el MHN, los visitantes pueden hallar objetos rituales afrobrasileños, joyas de esclavos y fotografías tempranas junto con la instalación, en forma de altar, que hizo un artista contemporáneo inspirándose en el candomblé. Después, en un cuarto cercano, pueden encontrar la reconstrucción de una farmacia colonial, demostrando que el montaje teatral goza de excelente salud dentro de las instalaciones permanentes de los museos. La meta parece ser la evocación del archivo de la memoria tanto como es suscitar una respuesta estética.

Siguiendo los ejemplos del MAR y el MNH se podría hacer más para revelar la historia de la ciudad a través de la colección y las exhibiciones institucionales. Por ejemplo, las riquísimas colecciones afrobrasileñas de Río, muchas de ellas confiscadas por la policía, actualmente se encuentran dispersas en varios lugares: el Museu da Polícia Civil, el Museu Nacional UFRJ, así como el MAR y el MHN. Los administradores de museos, curadores e intelectuales, ¿podrían trabajar juntos para –con el impulso original del museo imaginado de Pedrosa- unir estas colecciones y construír nuevas exposiciones e instituciones públicas conectadas al electorado de Río? El Museu Afro en Sao Paulo o el Museu do Indio en Río, ¿son modelos viables? En 2016, en lugar del Museo de los Orígenes de Pedrosa, yo propondría un Museo de Presencias: nuevas instituciones dedicadas a la cultura afrobrasileña o popular que exploren el complejo panorama urbano de ciudades como Río, no solo como inspiración u “origen” de artistas contemporáneos sino como espacios públicos que exploren la rica herencia cultural de Brasil en una metrópolis viva y vibrante.