El vínculo como recurso-herramienta: su inclusividad puesta en cuestión

Junio 10, 2015

En 2012, en el ciclo “creación individual, gestión colectiva”[1], cuyos invitados fueron Stefan Benchoam, Felipe Mújica y André Komatsu (y espontáneamente se sumó el colectivo Tercerunquinto), se discutió sobre cómo la “amistad” en la práctica artística puede convertirse un eficaz recurso-herramienta de producción, circulación y visibilización; teniendo siempre presente que no hablábamos de un nuevo recurso, sino de las particularidades del “uso” de este recurso-herramienta en unos contextos determinados y actualísimos. 

Abordamos dos de las acepciones que se derivan de este “uso”: por un lado, el término “economía conceptual”[2], como modo de ejercer la práctica por parte de un grupo de artistas chilenos vinculados a Galería Chilena desde 1997, cuyas redes conectan Chile y Nueva York; y por otro, del “cheverismo”, como uno de los modos de ejercer la práctica en escenas de Centro América, México, Colombia y Puerto Rico desde comienzos del siglo XXI, el cual apuesta por la discusión crítica y política desde el humor financiado por la “economía de la amistad”[3].  

En ambos supuestos el vínculo se convierte en un eficaz recurso-herramienta de activación de pensamiento y puesta en circulación, articulando una muy prolífica e interesante plataforma de producción en cada una de las escenas citadas. 

Ante la ausencia de canales institucionales que no responden a las urgencias y demandas de un tejido artístico en activo, el “vínculo” se institucionaliza como herramienta de subsanación de estas deficiencias, propiciando estructuras permeables a los nuevos flujos de movilidad, facilitando el vínculo directo con el contexto, ayudando a la desarticulación de los esquemas de dependencia y diseminando-atomizando los centros de producción.

Consecuencia positivas, sí. Pero también hay cancelaciones y parcialidades. 

Poniendo el foco en las estrategias puestas en marcha por el “cheverismo” en particular, ya que es el eje de este debate, cabe preguntarse por varias cuestiones a la hora de reflexionar sobre los mecanismos que legitima y sobre si las estrategias que valida no son del todo inclusivas.

El movimiento “cheverista” exige, siempre, la existencia de un sentimiento de participación afectiva en la realidad que afecta al otro, como requisito imprescindible para que se propicie el intercambio. 

¿Debemos ser "amigos" para compartir pensamiento?

Entonces, ¿cuales son las condiciones que se han de dar para que se propicie el intercambio?, ¿sociales-participativas?, ¿geopolíticas? ó ¿conceptuales?.

Tendríamos que considerar si con este modo de ejercer la práctica, en el cual la circulación de pensamiento está condicionada al intercambio emocional, no estaremos legitimando patrones de “reproducción” artística en lugar de generar pensamiento minoritario reflexivo que tenga como consecuencia la articulación de identidades diferenciadas. 

Y también re-pensar si los mecanismos de legitimación desarrollados están propiciando un tipo de aprendizaje a la hora de ejercitar la práctica “no activo” el cual “reproduce” las estrategias puestas en circulación dentro del circuito sedimentado por el propio movimiento “cheverista”; o si, al estar hablando de un tipo de “economía”, como forma en la cual los individuos y colectividades sobreviven, prosperan y funcionan, estamos consolidando un orden práctico en el cual se tiende a la centralización ideológica y el cual favorece la sedimentación de circuitos no inclusivos.


[1] Creación individual, gestión colectiva http://www.casamerica.es/?q=otras-artes/creacion-individual-gestion-cole...

 

[2] Amistad conceptual: término que surge en conversaciones entre Katrin Mundt, Felipe Mujica y Johanna Unzueta, el cual defiende como modo de colaboración la confrontación de ideas para construir un contexto más amplio y generoso. http://www.artishock.cl/2013/07/felipe-mujica-y-johanna-unzueta-arquitec...

 

[3] “Los vínculos afectivos se han convertido en un importante recurso para la articulación de comunidades artístico-afectivas que confeccionan nuevos espacios, que no son estrictamente privados, ni completamente abiertos con dinámicas participativas donde se mantienen los rasgos de “individuación”. Luisa Fuentes Guaza, “Lenguajes contemporáneos desde Centro América”, Capítulo 3º “Economía de la amistad” (Turner, Madrid, 2013), 15, 246-275.