El mundo en llamas

Septiembre 3, 2020

El mundo en llamas:
Erupciones, derretimiento y manifestación de color

 

Paul Rosero Contreras, The Opening [La apertura], 2015. Acción registrada en video, volcán Cotopaxi. 9'20" loop


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Paul Rosero Contreras, The Opening [La apertura], 2015. Acción registrada en video, volcán Cotopaxi. 9'20" loop

 

I. Del glaciar al océano

En los Andes la tierra tiembla. El suelo se manifiesta con una reverberación opaca y sutil. El sonido se oculta tras la roca y el hielo.  Está atrapado, contenido. A veces, el sonido es presencia inaudible, pero el hielo se derrite, se hace agua. En el agua, las ondas se expanden y se pronuncian. Lo regional se convierte en planetario. La materia se hace fuerza. La relación de los cuerpos —en gran porcentaje líquidos— con el planeta es una relación de correspondencia, se la vive. La vibración líquida produce una íntima conexión con la Tierra. Somos cuerpos materiales flotando sobre agua.

Un volcán activo desprende un glaciar y los lahares no se apaciguan. A diferencia de otros seres, un volcán es realmente salvaje. Al reventar, la ceniza y los ríos de lodo y lava cambian lo que conocemos como realidad. En 1815, la erupción del Tambora, en Indonesia, produjo una nube de ceniza tan espesa que cambió el clima durante tres años. Por efecto de esa erupción, a 1816 se lo conoce como El año sin verano. Parte del planeta se sumió en la oscuridad y la temperatura bajó, las plantas murieron sin luz solar y una hambruna expandida mató a miles de personas y animales. Incluso Mary Shelley escribió Frankenstein or The Modern Prometheus sin entender aún que el apocalíptico ambiente que vivió cerca de Génova, Suiza, lo produjo al otro lado del mundo la erupción volcánica documentada más fuerte de la historia. [1]

Una erupción volcánica destruye y construye. Las cenizas se elevan, se dispersan con los vientos y dan forma al planeta. Algo desaparece y algo aparece. Históricamente, los pueblos se han asentado en las faldas de los volcanes porque esa tierra es rica en nutrientes para los sembríos. Vivir el peligro de la actividad sísmica es parte de la cotidianidad en los Andes y en el resto del planeta.

La cordillera de los Andes es la cadena montañosa continental más larga del mundo. Recorre siete países de América del Sur, desde Venezuela hasta Chile, pasando por Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Argentina. Este tejido geológico lleva ese nombre, se dice, derivado de la palabra quechua anti, que significa ‘este’, como el Antisuyu o región del este, una de las cuatro que conformaban el imperio Inca. Los Andes son el resultado de movimientos de placas tectónicas causados por la subducción de la corteza oceánica debajo de la placa sudamericana. El proceso creó elevaciones en un largo tiempo y con ellas nacieron las mitologías de los pueblos ancestrales que las han habitado desde hace milenios. La montaña en el mundo andino representa una deidad, un ser vivo, con agencia y espiritualidad, llamado apu. El colonialismo y el pensamiento científico occidental desarrollado por exploradores en la región durante siglos, exportaron muy poco de esta cosmovisión. [2] Sin embargo, los volcanes representan una presencia enigmática y una fuente de búsqueda inquietante para toda la humanidad.

El Pabellón de los Andes (2014–en proceso)

¿Cómo explorar la mitología desde una perspectiva mestiza de las geociencias? ¿Cómo escribir una historia que no venga de libros y crónicas sino de la experiencia de primera mano con el magma, el azufre y la supervivencia en el trabajo de campo?  Solo desde la fenomenología se puede narrar el olor de los gases y la resonancia que difumina las distinciones entre sujeto y objeto, u objeto y medio. En ese sistema de estimulación recíproca emergen colores y sonidos desconocidos. Hace milenios los alquimistas buscaron dentro de los cráteres ardientes los componentes para la piedra filosofal. El olor del azufre en sus casas los delataba como esos proto-científicos buscadores del más allá.

En el 2014 inicié el proyecto El Pabellón de los Andes, como un proceso de investigación geológico-místico que propone un viaje a través de los Andes enfocado en volcanes activos desde Colombia hasta Chile (en Venezuela no hay actividad volcánica registrada). Este periplo, dividido en varios capítulos, incluye nociones de identidad, sicología de la percepción, vulcanología experimental y ejemplos de hábitat. Los acercamientos a los sitios de estudio se median con interfaces que buscan dar expresión material a las fuerzas creativas y destructivas de la Tierra.

La primera expedición para El Pabellón de los Andes fue en el volcán Cotopaxi en julio del 2015, durante una de sus últimas erupciones menores. Capturamos la actividad sísmica mediante hidrófonos de contacto y un programa computacional. [3] Este proceso reúne al ser sensible y lo sensible, ya que "el mundo está hecho de las mismas cosas del cuerpo". [4]  

En el segundo capítulo, la narrativa se centra en la relación entre el volcán y la gente que habita en sus faldas, y en cómo, para ese momento, tras diecisiete años de constante lluvia de ceniza, las fábricas y cualquier forma industrial quedaron subyugadas al poder interno de la tierra ácida y corrosiva.

Paul Rosero Contreras, Hábitat, 2015. Acción registrada en video, volcán Tungurahua (Extracto)

Las ideas que conforman el núcleo de estas acciones muestran posibilidades alternativas para contar historias disidentes.

La tradición occidental del arte del paisaje construyó una naturaleza objetivada bajo la mirada de un sujeto humano. Las geociencias y el discurso científico refuerzan la cultura dominante y las estructuras sociales opresoras, [5]ya que ni las personas hispanas, negras, mujeres o pertenecientes a minorías sexuales ocupan espacios determinantes en ese campo de estudio. [6] En respuesta, El Pabellón de los Andes es un proyecto que intenta construir un contrarrelato donde la naturaleza domina al humano y determina su cotidiano sin distinciones de clase, género o color. Las narraciones construidas sobre los binarios, dominador y dominado o colonizador y colonizado, también son susceptibles a derrumbarse.

El tercer capítulo cuenta la historia heroica de las vulcanólogas Marta Calvache y Patty Mothes. En 1993, ellas salvaron a sus colegas científicos de una lluvia de rocas incandescentes, en las cercanías del cráter del volcán Galeras en Pasto, Colombia, tras una erupción inesperada. Los movimientos que preceden estos eventos eruptivos no eran conocidos aun por los hombres que investigaban de cerca al volcán. La vulcanología no es exacta, aun cuando los sistemas de monitoreo actuales nos permiten penetrar la tierra y el hielo.

En El Pabellón de los Andes las múltiples historias saltan entre sujeto y objeto de estudio en una transformación de ambas entidades. De esta manera, se puede estudiar la colonización a partir de las alteraciones en el paisaje y no únicamente sobre los sujetos humanos. El interés en los efectos biológicos y ambientales de la colonización durante las últimas dos décadas del siglo XX son un resultado de las preocupaciones ambientalistas causadas por la industrialización. [7]

Las distintas experiencias colectivas con la tierra y el agua se pueden transformar en conceptos y formas de ser en el mundo. Un sujeto mediado por el ambiente se torna en un sujeto-que-es-en-el-ambiente. La construcción narrativa y técnica no pretende solamente agarrar algo de la Tierra, sino dejarse agarrar, dejarse ser.  Esta relación entre sociedades y sus ambientes puede ser trasladada a un territorio más pequeño en extensión y generar un experimento eco-social. Como un fragmento de la Tierra que flota en el agua y reúne lo mínimo para la pervivencia, es en si una multiplicidad de entidades, flotando en el agua. Una isla.

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Paul Rosero Contreras, Cosmos: Lluvia Gris, 2018. Acción registrada en video, volcán Stromboli


II. De la superficie a la profundidad

El volcán es un ser en potencia y genera también cambios naturales en el agua. Las grietas en la roca submarina de una isla volcánica activa dejan escapar burbujas ácidas que configuran un constante devenir, un volverse-en. El agua se vuelve tóxica y obliga a la resiliencia a algunos animales, un efecto similar al que la contaminación ambiental produce en el pH acuático marino. [8] Un volcán submarino anticipa el futuro predecido por el cambio climático.

En 1535, Fray Tomás de Berlanga accidentalmente descubrió las islas Galápagos en un viaje hacia el Perú y, partir de entonces, el archipiélago permaneció habitado esporádicamente hasta 1832, cuando fue legalmente anexado a la República del Ecuador. Piratas y balleneros usaron las islas como refugio y sitio para proveerse de alimento. Las tortugas terrestres llevaron la peor faena. Durante cuatro siglos, la actividad antropogénica en el archipiélago transformó la fauna y la flora. Se desarrollaron plantaciones de tamaño industrial de caña de azúcar, café y árboles de quinina. [9] Al introducir y extraer deliberadamente especies en islas como las Galápagos, desde tiempos ancestrales los humanos aventureros han modificado el medio ambiente en un proceso de sobrevivencia. [10] La naturaleza verdaderamente prístina no existe. Aún así, hay fenómenos emergentes y desconocidos que constantemente efervescen de las profundidades de los volcanes y del océano. La vida, arriba y debajo del agua, es sobre todo un enigma.         

Paul Rosero Contreras, The Origin of Pink (detalle de Dark Paradise: Humans in Galapagos), 2016. Video 4k (Extracto)

Las islas Galápagos están estrechamente relacionadas con el trabajo de Charles Darwin, allí hizo las cruciales observaciones que le llevarían a su teoría de la evolución por selección natural. Son también el sitio ideal para una investigación transdisciplinaria que plantee nuevas perspectivas sobre las relaciones sociales e interespecíficas. Desde el año 2016 yo desarrollé una serie de proyectos en el archipiélago que exploran recombinaciones y simbiosis emergentes. Estos procesos buscan nuevas formas de entender las relaciones interpersonales basadas en aquellas de carácter biológico que muestran cooperación entre distintas especies y están determinadas por la ebullición volcánica.

Dark Paradise: Humans in Galapagos (2016–2019)

A partir del concepto de simbiosis, Lynn Margulis y Dorion Sagan explican que entre los seres vivos más exitosos y abundantes del planeta, se encuentran los que se han unido. La cooperación es vital para la propagación de la vida en la Tierra. Las especies no viven ni evolucionan aisladas: la vida es más bien "una red de alianzas entre reinos". [11] Centrarse en las especies como compuestos y comunidades cuestiona la noción de individualidad que ha prevalecido en gran parte del pensamiento evolutivo desde Darwin. [12]

En el proyecto Dark Paradise: Humans in Galápagos (2016-2019) se juntan dos historias. Una que acontece en tierra y otra que pasa en la profundidad del océano. La primera, The Origin of Pink, aborda la existencia de la mítica iguana rosada, endémica del norte de la Isla Isabela. Se proyecta la idea del presunto aislamiento de esta especie en relación cercana con el volcán Wolf como metáfora del sueño de un estado no nacional donde otro color de piel es posible. La segunda, Purple Haze (2018), un producto de una investigación transdisciplinaria junto a Nataly Guevara y Margarita Brandt, dos biólogas marinas, trata sobre la resiliencia desarrollada por una especie de coral con la ayuda de microbios que le permiten soportar la acidificación del océano. Esta íntima colaboración se manifiesta también en colores nacientes con funciones aún por describir. La película a dos canales propone a las especies endémicas como los personajes principales y a los volcanes activos como un escenario de ciencia ficción. Sus historias paralelas se entrecruzan y nos informan sobre universos terrestres y acuáticos, humanos y no humanos. 

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Paul Rosero Contreras, Volcán Roca Redonda, Galápagos, 2018. Fotografía

Purple Haze se filmó en el volcán submarino Roca Redonda, con la finalidad de desarrollar un discurso doble. Por un lado, se revisita la noción de naturaleza hostil, el fundamento del pensamiento occidental, en donde solo sobrevive el más fuerte; por el otro, intento comprender las formas de cooperación en la naturaleza desde los conocimientos de los pueblos originarios, quienes mantienen un vínculo directo con el entorno natural.

Paul Rosero Contreras, Purple Haze (detalle de Dark Paradise: Humans in Galapagos), 2016–2019. Video 4k

Este enfoque se centra en la relacionalidad --fundamento del antiguo principio que sustenta los conceptos de sumak o alli kawsay en el pensamiento andino (comúnmente traducidos como "buen vivir" o “vida en plenitud"), [13] ,y el cual se basa en una coexistencia armónica entre los reinos natural, social y espiritual. Al sugerir que los nuevos paradigmas relacionales pueden informar el pensamiento sobre formas alternativas de organización social y económica, se abre el cuestionamiento sobre la posibilidad de un quiebre en el status quo. Es también un camino hacia la supervivencia colaborativa, hacia una simbiosis que desborda cualquier indicio de individualidad y supremacía.

En Purple Haze se evidencia in situ cómo una comunidad de invertebrados logra prosperar en condiciones adversas. Resiliencias que resultan en una paleta de color exhuberante y futurista. El color no es una característica individual, sino, sobre todo, el producto de una mezcla vital. Aplico este principio al relacionamiento social y la discriminación racial, cultural e históricamente asociada a la pigmentación de las formas. Así se abre un sendero de reflexión mediado por la emergencia biológica.

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Paul Rosero Contreras, Purple Haze (detalle de Dark Paradise: Humans in Galapagos), 2016–2019. Video 4k (Fotograma)

Quiero pensar que un fenómeno microbiológico emergente resquebraja estructuras de dominación basadas en la impresión retiniana de los cuerpos a través del color de la piel.

Al abordar la emergencia biológica y la actividad volcánica como un punto de acceso para preguntas especulativas, apunto a la idea de un cráter activo como reservorio de respuestas y alternativas. Un volcán activo tiene el potencial de transformar, trae la energía para hacer que el mundo pueda volverse-en algo distinto. Es la encarnación natural de una fuerza contenida que puede estallar en un futuro imprevisto en términos políticos, sociales y económicos.

El acercamiento a la actividad sísmica como fenómeno acústico, la investigación arqueológica de asentamientos en islas desoladas con sus consecuentes efectos antropogénicos y fenómenos biológicos desconocidos, pueden conjugarse como una amplia investigación sobre el origen de la diferenciación y la discriminación. Así mismo, si aplicamos otros principios y teorías de las ciencias en las humanidades, creo posible el advenimiento de contingencias ontológicas sobre el pensamiento, el comportamiento y la memoria. La pregunta regresa nuevamente a cómo y en qué medida nos dejamos tocar por el entorno, de tal manera que seamos en cuanto nos abrimos al tacto y a la posible influencia y determinación que viene desde afuera.

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Paul Rosero Contreras, Purple Haze (detalle de Dark Paradise: Humans in Galapagos), 2016–2019. Video 4k (Fotograma)

El Pabellón de los Andes y Dark Paradise: humans in Galápagos son dos viajes de descubrimiento en las alturas y las profundidades de la roca y del agua. Buscan conducir el pensamiento hacia la posibilidad de otras categorías que influyan nuestra percepción y nuestro comportamiento desde un horizontalismo y la abolición de las dicotomías opresoras.


Paul Rosero Contreras es investigador y artista multimedia ecuatoriano que trabaja en la intersección entre arte experimental y las ciencias naturales. Su obra explora temas relacionados con la geopolítica, el medio ambiente, la reciprocidad entre especies y la experimentación con entornos sustentables futuros. Con frecuencia realiza expediciones a lugares remotos, y sus proyectos incluyen dosis de realismo especulativo, datos científicos y narrativas de ficción. ​


Notas para una Horizontal-ismo: Hacia la posibilidad de construirnos juntos en un ensamblaje, es un proyecto que responde a nuestras muchas emergencias. Como la creciente incertidumbre de habitar un mundo en crisis amenaza nuestra existencia en el futuro, esta iniciativa editorial busca contribuir a la construcción de un pluriverso desde la perspectiva del arte latinoamericano.


[1] Dehlia Hannah, ed., A Year Without a Winter (Nueva York: Columbia University Press, 2019).

[2] Alexander von Humboldt, COSMOS: A Sketch of the Physical Description of the Universe, Trans. E.C. Otte (Londres: Henry G. Bohn, 1849).

[3] Paul Rosero Contreras, From Light to Light, Audiopoiesis (Quito: Ministerio de Cultura y Patrimonio del Ecuador, 2013).

[4] Maurice Merleau-Ponty, “Eye and Mind,” en The Merleau-Ponty Aesthetics Reader: Philosophy and Painting, ed. G. Johnson and M. Smith (Evanston, IL: Northwestern University Press, 1993), 121–149.

[5] Elisa Sevilla Pérez, Imperios informales y naciones poscoloniales: La autoridad de la ciencia (Tesis doctoral, FLACSO Ecuador, Noviembre 2011).

[6] Mark Maslim y Simon Lewis, “Why the Anthropocene began with European colonisation, mass slavery and the ‘great dying’ of the 16th century,” The Conversation (25 June, 2020). https://theconversation.com/why-the-anthropocene-began-with-european-colonisation-mass-slavery-and-the-great-dying-of-the-16th-century-140661 [Last visited 07/27/2020].

[7] Fernando J. Astudillo, Environmental Historical Archaeology of the Galápagos Islands: Paleoethnobotany of Hacienda El Progreso, 1870-1904 (Tesis doctoral, Simon Fraser University, 2017).

[8] Nataly Guevara, Margarita Brandt, y Paul Rosero Contreras, “The Beauty of Micro-Interactions: Microbes and Corals Under an Acidic Ocean,” Paper presented at the IV Simposio Anual sobre Investigación y Conservación en Galápagos (Agosto 24–29, 2019).

[9] Fernando J. Astudillo, Environmental Historical Archaeology of the Galápagos Islands, 14.

[10] Atholl Anderson, Karen Stothert, y Helene Martinsson-Wallin, et al. “Reconsidering Precolumbian Human Colonization in the Galápagos Islands, Republic of Ecuador,” Latin American Antiquity, 27, no. 2: (2016): 169–183.

[11] Lynn Margulis y Dorion Sagan, “Sentient Symphony,” in The Nature of Life: Classical and Contemporary Perspectives from Philosophy and Science, eds. M. Bedau and C. Cleland (Cambridge: Cambridge University Press, 2010), 340-354.

[12] Joanna Page, “Planetary Art beyond the Human: Rethinking Agency in the Anthropocene,” The Anthropocene Review (Mayo 2020).

[13] Javier Cuestas-Caza, “Sumak Kawsay is not Buen Vivir”, ALTERNAUTAS (Re)Searching Development: The Abya Yala Chapter (2 Abril 2018)  http://www.alternautas.net/blog/2018/3/2/sumak-kawsay-is-not-buen-vivir [Last visited 31/7/2020].