Ahuecar

Septiembre 17, 2020

Ahuecar: Notas para subvertir al macho colonial

Sebastian Calfuqueo, Alka domo (2017), Video performance, 1920×1080, FULL HD, 17 minutos


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Sebastian Calfuqueo, Alka domo (2017), Video performance, 1920×1080, FULL HD, 17 minutos. Parque Araucano.

 

El extractivismo pandémico colonial arrasó con aguas, ecosistemas, tierras, vidas. El pueblo mapuche históricamente ha sido sacudido por el proceso que comenzó con la conquista española y siguió con la conformación del Estado chileno y la agonía de la dictadura. La persecución de ese Estado sigue y se refleja en cada una de las muertes pu mapuche  [1] en su mal llamada “democracia”.

Nuestro pueblo ha sucumbido a la depredación del itrofil mogen. [2] La pandemia colonial sigue despojándonos de dignidad, pero resistimos. Mujeres y disidencias de nuestros pueblos alzamos la voz contra el machismo que ha sacudido nuestras vidas desde que los colonos europeos llegaron a estos territorios y aniquilaron la existencia de otras formas de vivir nuestros cuerpos y sexualidades; pero también contra ese que sigue presente en algunos de nuestros territorios, ese también debe cambiar. Cuestionamos ese contrato sexual que pactaron sin nuestras experiencias, sin nuestras voces. Escribiremos esta vez la historia de nuestro pueblo con todos, es la única forma de llamarnos realmente pueblo.

Colonialismo es el despojo y la muerte que nos siguen depredando en todas las formas posibles. El Estado no es comunidad y sin dignidad no hay vida. Nos extraen nuestros territorios, nos imposibilitan la vida. Son un monocultivo que no permite la existencia de otros ecosistemas. Nuestras formas de resistir están en pensar cómo llamarnos pueblo, cómo escribimos nuestra historia con todas las voces, sin restar experiencias. Por quienes pusieron sus cuerpos y vidas ante el colonialismo y por quienes seguirán resistiendo a su avance letal sobre nuestras existencias.

La historia se ha construido con base en la extracción y destrucción de nuestros conocimientos, nuestras memorias, nuestros cuerpos. Nos borraron de los relatos, nos despojaron de nuestras prácticas. Esa violencia histórica la estamos re escribiendo, haciendo huecos que fisuran la rígida estructura colonial que sigue imperando. Esos huecos formados en cada grieta son la posibilidad de pensarnos desde nuestras voces, deshaciendo y desaprendiendo el legado que nos impusieron.


Nicanor Plaza, uno de los escultores más reconocidos del siglo XIX en Chile, obtuvo la máxima distinción en la “Exposición de arte e industria” por su obra “Caupolicán”. Su escultura, reproducida y dispuesta en distintas ciudades del país, en realidad correspondía al imaginario de un indígena Sioux representado en la novela The Last of the Mohicans del novelista estadounidense, James Fenimore Cooper. Años antes, Plaza ya había exhibido esta misma escultura bajo el nombre: “The Last of the Mohicans”, en el Salón Oficial de París, Francia, donde no obtuvo ninguna mención por su trabajo. Una de estas réplicas fue eventualmente inaugurada en Temuco, Chile en el año 1932. El atuendo y los rasgos físicos de esta escultura no son coherentes con los de un mapuche.

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José Troncoso Cuevas, monumento a Caupolicán, 2000. Temuco, Chile. Foto cortesía de Daniel Cárcamo Risso.

Décadas más tarde, la escultura de Plaza fue desmantelada y reemplazada por una nueva versión, hecha por el escultor José Troncoso Cuevas y financiada por el gobierno de Chile en el año 2000. El Estado chileno publicó textos en los que se evidenció el error cometido por Plaza en la representación de la figura mapuche. Esta nueva interpretación de Caupolicán se inspiró en el poema épico “La araucana” de Alonso de Ercilla, escrito en 1569, durante el proceso de colonización del sur de Abya Yala y, en específico, del territorio que hoy llamamos Chile. Este territorio era llamado Wallmapu hasta mediados del siglo XIX, y corresponde a la tierra mapuche que abarca parte de la actual localización de los estados de Argentina y Chile.

Según cuenta el relato, Caupolicán, guerrero y una de las principales figuras de la “Guerra de Arauco” en el siglo XVI, lideró la resistencia mapuche en el proceso de colonización española. Caupolicán habría sido elegido como toki [3] del pueblo mapuche, después de vencer a sus compañeros Paicavi, Lincoyán y Elicura en la prueba de cargar un tronco en sus hombros por dos noches. Este relato colonial da comienzo a una serie de textos creados por distintos cronistas, escritores y poetas que realzan la figura de Caupolicán como un fiel representante de la masculinidad y el poder. En diversas temporalidades de la historia se ha escrito sobre este personaje heroico, símbolo máximo de lo mesiánico y lo viril. Muchas de esas representaciones exaltan la idea de una única masculinidad, lo que repercutió dentro del imaginario mapuche.

Así crecí yo, en una cultura y en un Chile donde Caupolicán representaba la masculinidad desde una única posibilidad de existencia, mezclada con un relato cristiano y colonial que ponía en jaque a mi cuerpo y a mi identidad no heterosexual y afeminada. Desde esa incomodidad surgió la necesidad de investigar y trabajar la figura de Caupolicán, así como su incidencia en los imaginarios de los varones que crecieron entre los años 60, 70 y 80 y para quienes Caupolicán sigue siendo un sinónimo de fuerza y virilidad. Muchas de las representaciones de esta figura están presentes en el imaginario militar y capitalista del pueblo chileno, lo que se evidencia en la presencia de Caupolicán como símbolo publicitario, logo de establecimientos, de comercios y productos, mayoritariamente asociados a rubros masculinos del Chile de la época. La figura de Caupolicán incluso está presente en las condecoraciones militares de la dictadura, que enaltecen rasgos culturalmente asociados a la masculinidad.

Alka domo es un video performance hecho en el año 2017 que registra la acción de cargar sobre mis hombros un tronco hueco de coihue en 6 locaciones distintas de la ciudad de Santiago. La performance consiste en realizar una parodia de la hazaña de Caupolicán narrada en La Araucana con la intención de provocar un diálogo entre mi cuerpo y la representación masculina que impera en el imaginario de Caupolicán. En cada una de las acciones del video visto un par distinto de tacones, dispuestos en este orden cromático: rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta. [4] El concepto que da título a la obra “Alka domo” fue registrado en el año 1765 por el sacerdote y jesuita español Andrés Febres quien publicó el diccionario “Arte de la lengua general del Reyno de Chile” donde traduce “Alka domo” como “hombre-mujer”. En la lengua mapuche “Alka” significa “gallo”, también es la forma de denominar al macho. “Domo” significa “mujer”. En contraste con el castellano, el mapudungun no diferencia el género de los sustantivos, salvo en casos como el del gallo (alka), que se diferencia a la gallina (achawall). Esta palabra también fue traducida como “hermafrodita” o “marimacho”.

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Sabastian Calfuqueo, Alka domo (2017), Video performance, 1920×1080, FULL HD, 17 minutos.

La performance fue creada con el fin de cuestionar los imaginarios y valores impuestos en un relato colonial y patriarcal de la masculinidad expresada en la figura de Caupolicán. El texto que aparece en el video performance presenta el concepto “ahuecar” como una posibilidad de desaprender lo que se nos ha enseñado desde la historia hegemónica, hasta cómo fueron socializados nuestros cuerpos desde la mirada de un otro. La palabra hueco es utilizada para denostar y denominar peyorativamente a los homosexuales en Chile. Aquel insulto lo escuché una y otra vez durante mi adolescencia en el colegio de hombres donde estudiaba: el Liceo Manuel Barros Borgoño. Aquella denominación estuvo siempre ejercida por hombres heterosexuales o, en su defecto, sujetos que consideraban la masculinidad como algo delimitado en un único lugar, donde la diversidad de expresiones no era posible.

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Sabastian Calfuqueo, Alka domo (2017), Video performance, 1920×1080, FULL HD, 17 minutos. Liceo de varones Manuel Barros Borgoño.

El segundo lugar que visito es la Plaza de Armas, ubicada en el centro de la ciudad de Santiago y fundada por el colonizador español Pedro de Valdivia, contemporáneo a Caupolicán. Según señalan las historias, fue Caupolicán quien dio muerte al colono. El encuadre para esta escena corresponde al sector de mesas de ajedrez de la plaza, utilizada únicamente por varones. En esta misma línea y en relación con la fundación de Santiago, la obra se ejecuta también en el cerro Huelén, llamado por la mayoría de los chilenos “Cerro Santa Lucía”, donde se ubica la polémica escultura de Caupolicán realizada por Nicanor Plaza. Otros espacios históricos corresponden a Parque Quinta Normal, lugar de reunión de la diáspora mapuche en la ciudad y también el lugar donde mis abuelos se reunían con otros mapuche. Las últimas dos escenas corresponden al inicio y al final de la acción. El Parque Araucano, emplazado en el sector enriquecido de la ciudad de Santiago, donde están dispuestos dos chemamüll en espacios que no corresponden a la cosmovisión mapuche, totalmente fuera de su valor cultural y simbólico. La última toma del video performance se ejecuta en el Matadero Franklin, histórico mercado popular donde la mayor parte del cuerpo laboral está compuesta por hombres ganaderos. En esta escena final de la performance, los trabajadores del mercado reconocen la referencia a Caupolicán, lo enuncian, gritan y, luego de esto, se dan cuenta de que el tronco está hueco. Esta lectura desencadena una oleada de comentarios homofóbicos y violentos. En la performance visto por completo de negro y solo desentonan mis tacones color violeta.

El término ahuecar se torna político e identitario para subvertir y dejar en evidencia la violencia de esa masculinidad construida por la historia hegemónica occidental y los imaginarios culturales de Chile. Este término profana el valor simbólico que se le asigna a la masculinidad y la virilidad de los héroes presentes en la historia. Este trabajo performático es una provocación a esas representaciones hechas por distintos autores y temporalidades. Es una apuesta para reescribir con nuestros cuerpos, voces, géneros y resistencias que siguen presentes en los procesos actuales de Abya Yala y Chile, para que representemos esta disputa permanente que sigue presente en el pueblo mapuche y su camino a la decolonización de todas las prácticas que nos violentan con su exclusión.


Sebastián Calfuqueo (Santiago, Chile, 1991) vive y trabaja en Santiago de Chile. De origen mapuche, su obra recurre a su herencia cultural como un punto de partida para proponer una reflexión crítica sobre el estatus social, cultural y político del sujete mapuche al interior de la sociedad chilena actual. Su trabajo incluye la instalación, la cerámica, performance y el video, con el objetivo de explorar tanto las similitudes y las diferencias culturales como los estereotipos que se producen en el cruce entre los modos de pensamiento indígenas y occidentalizados, y también visibilizar las problemáticas en torno al feminismo y disidencias sexuales. Licenciade y Magíster en Artes Visuales de la Universidad de Chile. Es parte del colectivo mapuche Rangiñtulewfü y Yene revista. Representade por Galería Patricia Ready (Chile).


Notas para una Horizontal-ismo: Hacia la posibilidad de construirnos juntos en un ensamblaje, es un proyecto que responde a nuestras muchas emergencias. Como la creciente incertidumbre de habitar un mundo en crisis amenaza nuestra existencia en el futuro, esta iniciativa editorial busca contribuir a la construcción de un pluriverso desde la perspectiva del arte latinoamericano.


[1] Decimos pu mapuche para pluralizar desde nuestra lengua.

[2] Usamos esta palabra del mapudungun para referir a todas las formas de vida.

[3] Se refiere al “líder guerrero” en la resistencia a la colonización española.

[4] El orden corresponde a los colores en la bandera LGBTQ+.