¿Es posible descolonizar el concepto de antropofagia cultural?

Agosto 12, 2016

¿Es posible descolonizar el concepto de antropofagia cultural? Me parece que esta es la pregunta clave, ya que los conceptos de mestizaje[1] y la antropofagia cultural tienen en común su conservación tanto de las virtudes como de las predeterminaciones con las que se originaron a principios del siglo 20.

Si exposiciones como Mostra do Redescobrimento dividió a los objetos en espacios reservados para lo indígena, afro-brasileño, barroco, popular, arte moderno y contemporáneo, en los últimos años las nuevas exposiciones han mostrado estos objetos frente a frente. Esta táctica se ha traducido en programas desafiantes que, por necesidad, demuestran la naturaleza de las relaciones entre producción, esferas de conocimiento, política y cultura. Historias Mestiças y la 34 Panorama de Arte Brasileira combinaron objetos de estos diferentes campos, y el MAR en Río de Janeiro ha utilizado esta metodología para sus exposiciones desde su creación.

El concepto de antropofagia cultural supuso un movimiento de descolonización de las ideologías nacionales europeas del siglo XIX. Estos teóricos (como Silvio Romero, Euclides da Cunha, o Nina Rodríguez) trataron desesperadamente de ajustar la realidad brasileña a los patrones de la Modernidad europea, ya que las contradicciones fueron dolorosas e imposibles de ocultar. Por eso fue más fácil culpar a los negros, los indígenas y/o al clima tropical de los problemas del país. El concepto de antropofagia en la década de 1920 reconoció especificidades de Brasil y creó nuevos paradigmas de autodefinición, diferenciada de los parámetros europeos. Fue creada como expresión de la identidad nacional reconociendo y celebrando su carácter poscolonial, incluyendo (¡finalmente!) a los descendientes de indígenas y africanos.

Así que, es verdad, no se puede negar que el concepto de antropofagia haya generado en el siglo 20 y hasta el día de hoy análisis muy productivos para muchas disciplinas incluyendo literatura, psicoanálisis, arte, teatro, música y teoría política. Y en la década de 1960, la antropofagia fue crucial para liberar a los artistas de las exigencias de pureza que algunos debates de izquierda imponían al arte latinoamericano, que debía permanecer impermeable a la influencia extranjera.

Una vez que reconozcamos esto, me gustaría preguntar, ¿cuál ha sido el lugar de los indígenas y afrobrasileños en estas poderosas retóricas nacionales? Para responder, tendríamos que alejar la mirada de las relaciones imperiales de poder colonial entre países, dejar de acusarnos mutuamente de eurocentrismos, y analizar e interrogar el colonialismo interno de Brasil y nuestra propia complicidad en esto.

Entonces sería innegable de que la idea de indigenismo se ha utilizado como fuente de inspiración para la producción intelectual, con frecuencia vinculada a las imágenes nacionales de brasilidad y/o ha sido objeto de estudio en la larga tradición de la antropología en Brasil. Pero el contacto con la realidad de las comunidades sociales y políticas ha sido muy pobre. Antonio Riséiro[2] ha mostrado cómo los textos literarios en Brasil, a menudo inspirados en los textos africanos o indígenas, realmente no toman sus estructuras gramaticales y métodos creativos en serio impidiendo una integración real a los textos del patrimonio de Brasil. Oswald de Andrade hizo uso de la literatura etnográfica Europea para elaborar su idea de lo indígena y "no se preocupó sobre los "indios" contemporáneos que disparan flechas a Mato Grosso y Goiás (...), a pesar de que los Kaigang estaban bastante cerca, justo allí, al oeste de Sao Paulo".

Desde este punto de vista, podemos usar la perspectiva postcolonial para arrojar luz sobre cómo, en el Manifiesto Antropófago de Andrade, se observa la estrategia que implica la incorporación del “otro” que será reemplazado por su representación. En este último caso, "la representación funciona como un sustituto de la presencia activa––nombrarlo es equivalente a no conocerlo"[3]. Si las imágenes son un sustituto de la presencia, y en este sentido el concepto de antropofagia cultural es absolutamente colonial. Estos problemas han sido heredados por las exposiciones de arte contemporáneo sobre historia como la 24 Bienal de São Paulo de Antropofagia o en Histórias Mestiças. La última utilizó objetos ​​de etnografía y cultura material. Lo que las exposiciones de estos colectivos no muestran es una presencia política real, una agencia que no sólo resista sino también contribuya al proceso de independencia, a la insurgencia, a la historia de las repúblicas, al fin de la dictadura y a la ciudadanía brasileña y amazónica. Nos pueden decir algo que no sea la historia de las víctimas y proponer nuevos modelos para habitar políticamente.

El antropólogo Roberto da Matta,[4] dijo que en una sociedad jerárquica como la de Brasil, no es ser diferente lo que es un crimen, sino el no ocupar el lugar que se te ha asignado. Esta es mi impresión sobre estas exposiciones, que estos objetos ocupan el lugar asignado por una intelligentia brasileña sin cuestionar al discurso hegemónico nacional. En este sentido, podríamos decir que en lugar de la historia de estos colectivos, estas exposiciones pueden ser vistas como ejemplos de cómo narrar la historia de una élite nacional y su escuela de pensamiento sobre la alteridad.[5]

Para terminar, apuntaré a la segunda barrera que creo que impide una relectura crítica de la historia de Brasil. La persistencia de las estructuras coloniales en nuestro tiempo es alimentada por la continua defensa y celebración de lo Nacional. Como los teóricos poscoloniales han insistido, la Nación es cómplice importante de la colonialidad debido a que los modelos de Nación para América Latina fueron (norte)europeos y coloniales por naturaleza. Sin acceso a los modelos alternativos de nación, los indígenas continuaron ocupando el mismo lugar después de las independencias. Por lo tanto, para superar el colonialismo interno de Brasil sería necesario un reconocimiento de las formas en que los discursos nacionales han ocultado y fomentado la colonialidad y han neutralizado a los contestaciones políticas en el pasado y en el presente.

Las exhibiciones que se centran en la celebración de la nación, demostrando una y otra vez sus mitos fundacionales, contradicen una verdadera revisión crítica de las relaciones de poder colonial del pasado y el presente que una perspectiva postcolonial podría ofrecer. En los últimos tres años hemos sido testigos–por primera vez– de la aparición de colectivos afrobrasileños que reclaman su visibilidad en el circuito del arte. ¿Es posible ir más allá de un modelo de multiculturalismo basado en la (supuesta) inclusión? ¿Cómo podemos ofrecer estrategias que no utilicen la alteridad en Brasil como contenido o tema, sino que propongan un desafío a sus estructuras, fuerzas que podrían cambiar las formas? ¿Es posible descolonizar a la nación?


[1] Silvia Rivera Cusicanqui asked, "is it possible to decolonize mestizaje?", Boaventura de Sousa Santos in his side formulated a similar question, is it possible to decolonize marxism?

[2] Riserio, Antonio. Testos e Tribos: Poeticas Extraocidentais nos tropicos brasileiros. Rio de Janeiro, Imago, 1993. P. 107

[3] Barthes describes two ways of incorporating the Other: “Inoculation, in which the other is absorbed only to the extent necessary to make it innocuous; and incorporation, where the other becomes incorporeal by means of its representation.” quoted in Foster, Hal, Recodings: Art, Spectacle, Cultural Politics. New York, The New Press 1998.

[4] Da Matta Roberto, Relativizando: uma Introduçao à Antropologia Social. Rio de Janeiro, 1987. P. 79

[5] Some of the questions posted here are explained further in a a text entitled, Is Brazil a postcolonial country?   focused on the Historias Mestizas exhibition. This text  will be publised by Paragrana magazine at Freie University of Berlin this fall as a result of the conference F(r)ictions of Arts organized by Freie University and Goldsmiths University