¿Hay arte en la escuela?

Noviembre 3, 2014

Los ejercicios son uno de los núcleos más fundamentales del Programa de Artistas que dirijo en la Universidad Di Tella, desde su fundación en 2009.

En lo que refiere a la educación de los artistas, el Programa tiene tres ejes: la producción y discusión de obras, la lectura y discusión teórica y la inmersión en distintos ejercicios, que se enmarcan dentro de los llamados “talleres”. Estos talleres son los espacios en los que podemos desarrollar una verdadera investigación pedagógica, sorteando las dos metodologías más consolidadas de la educación artística actual, que son la tendencia discursiva, heredera del conceptualismo, y la tendencia técnica, heredera de la academia. Con los talleres y sus ejercicios, la idea es investigar el espacio abierto entre estas dos tendencias: un espacio relativo al pensamiento en la acción, a las ideas en la materia, a la reflexión de los cuerpos.

Los talleres, con sus ejercicios, son entonces espacios eminentemente ensayísticos, en los que cada profesor propone modos de hacer basados en sus propios intereses y descubrimientos (lo que sabe) pero también en sus propias intuiciones acerca de la inminencia de nuevas posibilidades sensibles (lo que no sabe). Los participantes deben entregarse a esa propuesta, con un fuerte grado de despersonalización, de humildad y de incertidumbre. Se trata de aprender siguiendo a otro por un camino que no se sabe adónde conduce y así desplegar sensibilidades que no se conocían. Los ejercicios son propuestas de simulación, por un lado (aprendizaje como performance), y de improvisación por otro (no hay, por parte de los participantes, ni proyecto ni plan, sino reacción a estímulos). Demás está decir que no resultan fáciles.

En estas clases el ritmo es todo. Por lo general hay una concepción de la velocidad muy diferente a la implícita en la educación proyectual.

Cada ejercicio lleva implícitas una teoría del arte y una fenomenología: si a Diego Bianchi le interesa proponer ejercicios de concentración e improvisación que vayan a contramano de la idea de proyecto, a Eduardo Navarro le interesa provocar situaciones de alto grado de extrañamiento perceptivo y social en los que el absurdo pueda ser pensado, Mónica Giron diseña modos de hablar de arte basados en la construcción colectiva de la mirada y a Andrés Di Tella le interesa acompañar procesos de investigación y notación, como si las obras fueran cuadernos de apuntes. Estos son solo algunos ejemplos, pero hay más.

El concepto de ejercicio tiene, por último, una condición intersticial, no instrumental, que le da toda su potencia. Aspira a la mutación pero es un acto en sí mismo. ¿Hay arte en la escuela? Si lo hay, seguramente se nos escape, no quede registrado, pero esté ahí, en algún momento de la intimidad de esos ejercicios.