¿Acumular millas o vida?

Octubre 14, 2015

Me despierto a dormir,
y lentamente ante este despertar, siento mi destino en lo que no puedo temer.
Aprendo yendo a donde tengo que ir. pienso al sentir,
¿Qué hay afuera por saber?

                    -Theodore Roethke

Que un artista viaje quizás le agregue millas a su crédito en alguna aerolínea pero no lo convierte de manera automática en un artista viajero. Lo que es seguro es que acumulará vida. El concepto de artista viajero está ligado principalmente a los siglos XIX y XX, épocas en las que el tiempo y las distancias eran factores imprevisibles y determinantes de una agenda incuestionablemente abierta a los cambios, los imprevistos y la dilación constante de días, meses y hasta años.  La información del destino era escasa, poco accesible; no existían guías de viajes o paquetes turísticos ni las tecnologías comunicacionales de hoy. El artista --que generalmente era a su vez científico o naturalista, o estaba asociado a éstos-- partía hacia lo desconocido, o por conocer, con un cargamento abultado de materiales, cajas, aparatos científicos de avanzada para la época, objetos todos que lo acompañarían durante su viaje y que además requerían de una logística bastante elaborada para su transporte. Eran materiales y artefactos que representaban casi su único contacto con el mundo conocido. Viajaba en barcos desde su país y dejaba atrás sus afectos y otras pertenencias por largos periodos; corría grandes riesgos, a veces mortales.

Una vez que llegaba a una capital o puerto de entrada, el artista hacía uso de las “redes sociales” de la época: carta en mano. A través de una embajada del país de origen o de otra representación de alguna nación amiga, entraba en contacto con la sociedad: presidentes, ministros, diplomáticos, mecenas, comerciantes, oficiales del ejército, damas y caballeros de sociedad, ilustres ciudadanos, sabios y demás.[1] Aquí comenzaba el “viaje”: cenas, bailes, tendidas a la luz de la luna; romances y una larga lista de eventos a través de los cuales establecía amistades y relaciones que le permitían al artista/científico recabar información, salvoconductos, cartas, contactos, y no pocas veces, dinero y apoyo para su expedición. [2]

Al irrumpir en el territorio desconocido, el artista también entraba en una serie de nuevas redes y sub-redes para desplazarse por esos nuevos espacios geográficos donde la sociedad y actores eran otros: gobernadores, alcaldes, funcionarios de menor categoría, transportistas, peones, indígenas, cocineros, sirvientes, caciques, capitanes de barcos, soldados, cargadores. Toda esta trama social parecía no estar relacionada con aquella otra sociedad que había dejado atrás en la capital pero en realidad entre ambas existía una urdimbre de poder y relaciones muy cercanas y profundas.[3] 

Una vez iniciada la travesía, el artista, quien casi siempre era pintor y dibujante, comenzaba a registrar y retratar todo aquello que ante sus ojos era novedoso y que para él tenía interés estético o científico.  Almacenaba en sus cajas apuntes, acuarelas y pinturas que luego serían exhibidas en alguna cena o evento al regresar a su país de origen.  A menudo seguía trabajando sobre los apuntes y obras realizadas.  Muchos años después todo esto entraría a formar parte de colecciones y museos.  Allí seguramente un curador o museólogo los encontraría e incluiría en exposiciones y así llegarían a ser parte de nuestro conocimiento.

El interés del viaje, más allá de las obras –hermosos dibujos, acuarelas y grabados­–, era testimoniar una época y un tránsito. El largo tiempo, el lento desplazamiento, la imposibilidad de comunicarse de manera rápida e inmediata, hacía que estos artistas/expedicionarios se compenetraran de manera natural con los ciudadanos, el paisaje, la cultura, la comida y las costumbres locales. Por lo difícil de los trayectos a recorrer, estas experiencias dejaron una huella indeleble, y así lo recuentan los muchos libros escritos por ellos o sus compañeros de viaje, y por los muchos amigos y enemigos que dejaron atrás.

El artista viajero del siglo XXI es mejor conocido como “artista en residencia”.  Invierte muchas horas buscando programas, becas, ayudas; llenando planillas y entrando en contacto con redes del arte. Viaja casi siempre solo y, aunque no es científico, a menudo utiliza procedimientos o ensayos pseudo-científicos aplicados al arte. Está vinculado a una red o a un proyecto que lo apoya desde el comienzo y que le aporta seguridad. El tiempo y las distancias son obstáculos que le preocupan de una manera diferente, pero que no son variables determinantes en su “viaje”.  Hace un plan desde su computador personal, una tablet electrónica o desde un teléfono inteligente.  Las más de las veces “conoce” el sitio sin haberlo visitado jamás. Sus contactos son hechos a distancia por las  “redes sociales”. El contacto directo en sí se ve limitado solo a lo necesario ya una vez en el sitio. Viaja con una serie de equipos compactos de altísima tecnología: computadoras, teléfonos, cámaras de fotografías y videos.  Se desplaza en aviones. Al llegar a los lugares rápidamente irrumpe en el espacio o territorio que está conociendo. Asiste a reuniones, da charlas, participa en eventos, baila y tiene romances. Se conecta con lo local pero también con lo que ha dejado atrás, se  hace omnipresente.  Está aquí pero sobre todo está en otro lugar, en una futura residencia.

La intención, la presencia y el tiempo de compenetración con el lugar de visita es distinto, y por lo tanto los resultados también los son. Lo nuevo no es novedad y no es necesario registrarlo; la estrategia es otra: se recurre al proyecto y a su realización. Su trabajo no debe esperar a su regreso ni dilatarse largos años para darse a conocer; llega tanto a personas e instituciones relacionadas al arte como a cualquier conectado con las redes.  No necesita de bolitas de naftalina para preservarse.  Almacena y lanza al ciberespacio la información y la obra realizada. Concluye su ‘proyecto’.

La siguiente es una selección de la rara estirpe de artistas contemporáneos y de siglos pasados que me conmueven y con quienes conecto sensiblemente.


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Pehr Löfling, Reise, nach den spanischen Ländern in Europa und America in den Jahren  1751 bis 1767. Libro.
Pehr Löfling, Reise, nach den spanischen Ländern in Europa und America in den Jahren 1751 bis 1767. Libro.

Pehr Löfling ( Tolvfors Bruk, Suecia 1729 – San Antonio del Caroní,  Venezuela 1756). “Técnicamente” no es un artista viajero, es un científico con gran sensibilidad, un hombre libre pensador. Es conocido como el primer investigador científico que pisó tierras venezolanas, experto en botánica y zoología que introduce el microscopio en el país. Discípulo de Carlos Linneo, es invitado por el Rey Fernando VI a participar en la expedición que España organizaba para establecer los límites con Portugal en el Nuevo Mundo. Es designado Botánico del Rey,  realiza en muy breve tiempo una extensa clasificación de plantas nunca antes hecha con rigor científico. Hace apuntes, dibujos y recolecta especies. Trabaja en el libro “Plantae Americanun” en el pueblo del Tocuyo cerca de Unare, y se desplaza a Guayana en donde atesora un importante material botánico y zoológico y redacta el manuscrito de título Borrador de observaciones hechas en el viaje de Cumaná a Guayana. Durante su estadía en esta región, él y algunos de sus compañeros enferman con fiebre y vómitos. Muere a la edad de 27 años, en la orilla del río Caroní en la Misión de San Antonio  del Caroní, el 22 de febrero de 1756. Siglos después en Ciudad Guayana, cerca de 1990, la Corporación Venezuela de Guayana crea un Parque con su nombre a orillas del Caroní como homenaje a quien fue una de las primeras personas en describir y clasificar el enorme tesoro de flora y fauna de la región. Inés Romero–mi tía–fue quien llevó adelante este hermoso proyecto y quien me enseñó a amar a este personaje y de allí, junto a las lecturas de Humboldt, Theodor Koch-Grünberg, Julio Verne, Rómulo Gallegos y Enrique Stanko Vraz, comencé a soñar con el viaje y los “otros” territorios.

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Alberto Baraya, Estudios comparados modernistas (2011). Fotografía, objetos encontrados y dibujo sobre papel. 220 x 300 cm.

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Roberto Obregón. Izq: Trilogía (1979). Rosas disecadas, foto, acuarela y tinta sobre papel. Dim: 56 x 40.6 cm. Der: El agua como un ciclo (1978). Pétalos disecados, tinta, sobres, etiquetas adhesivas y cera sobre papel. Dim: 77.5 x 189 x 3 cm
Roberto Obregón. Izq: Trilogía (1979). Rosas disecadas, foto, acuarela y tinta sobre papel. Dim: 56 x 40.6 cm. Der: El agua como un ciclo (1978). Pétalos disecados, tinta, sobres, etiquetas adhesivas y cera sobre papel. Dim: 77.5 x 189 x 3 cm

En los trabajos de Alberto Baraya, Roberto Obregón y Mark Dion, existen relaciones sensibles que se enraízan con un ideal que se acerca al espíritu del científico. Ellos ubican, clasifican, diseccionan y organizan en instalaciones y obras estructuradas utilizando referentes científicos personalizados. Sus proyectos están hechos a partir de inquietudes muy personales; en el caso de Dion se apoya de las instituciones oficiales para hacerlos posibles. Tanto Baraya como Obregón desarrollan sus propuestas desde su intimidad.

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Mark Dion, Neukom Vivarium (2006). Instalación mix media. Tsuga del Pacífico de 18 mts caído a las afueras de Seattle en 1996, convertido en incubadora de vida en un vivero de 24 mts de largo.
Mark Dion, Neukom Vivarium (2006). Instalación mix media. Tsuga del Pacífico de 18 mts caído a las afueras de Seattle en 1996, convertido en incubadora de vida en un vivero de 24 mts de largo.

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Gilda Mantilla y Raimond Chaves, Caracas de la serie Dibujando America (2005). Marcador sobre papel.
Gilda Mantilla y Raimond Chaves, Caracas de la serie Dibujando America (2005). Marcador sobre papel.

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Pablo Helguera, The School of Panamerican Unrest, 2003–2006. Proyecto conceptual que involucra performances, charlas, proyecciones e investigación, en busca de conexiones y mejoras comunicacionales en toda la América.
Pablo Helguera, The School of Panamerican Unrest, 2003–2006. Proyecto conceptual que involucra performances, charlas, proyecciones e investigación, en busca de conexiones y mejoras comunicacionales en toda la América.

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Hiroshi Sugimoto, Aegean Sea, Pilion (1990), de la serie Seascapes. Impreso en gelatin plata. 150 x 180 cm.
Hiroshi Sugimoto, Aegean Sea, Pilion (1990), de la serie Seascapes. Impreso en gelatin plata. 150 x 180 cm.

Los viajeros Raymond Chaves y Gilda Mantilla, Pablo Helguera, Hiroshi Sugimoto, Anna Best y Víctor Julio González deciden transitar por amplios y diversos territorios, haciendo del viaje una construcción de su obras. Dibujo, trabajo social, pintura, fotografía, arte postal. El desplazamiento es fundamental pues aporta contexto, poética, concepto, sonoridad, silencio, comunidad y observación sensible.

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Víctor Julio González, Oriente (2014), de la serie Apuntes de viaje. Óleo sobre tablilla de madera. 11 x 140 cm.
Víctor Julio González, Oriente (2014), de la serie Apuntes de viaje. Óleo sobre tablilla de madera. 11 x 140 cm.

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Anna Best, I Like You (1999). Aerogramme. 28 x 21 cm. Proyecto viaje y envío postal desde la isla de Gozo.
Anna Best, I Like You (1999). Aerogramme. 28 x 21 cm. Proyecto viaje y envío postal desde la isla de Gozo.

Ferdinand Bellermann, estuvo en Venezuela durante tres años y tres meses. Retrató el país de norte a sur y de este al oeste. Llega a La Guaira el 10 de julio de 1842 y parte casi de inmediato a Puerto Cabello, donde trabaja en el puerto y en la población de San Esteban. Luego se dirige hacia Valencia y desde allí emprende su viaje a través de Venezuela. Visita los lugares descritos por el sabio Alexander von Humboldt y los documenta. Toma parte de los eventos de la repatriación de los restos del Libertador Simón Bolívar a Caracas, para después regresar a La Guaira y realizar excursiones por el Litoral. Se embarca  hacia Cumaná, la península de Araya en el Golfo de Cariaco, Cumanacoa, San Antonio y en agosto visita la cueva del Guácharo en Caripe, donde acampa y realiza muchos dibujos y estudios pictóricos,  explora en mayor extensión la cueva que Humboldt y Agustín Codazzi. Edita litografías y tiene encargos de pinturas sobre Venezuela. Viaja a Ciudad Bolívar por vía marítima y fluvial. Regresa a Valencia y pinta su lago, su trabajo despierta un gran interés, recibe visitas y tiene encargos de hacendados locales; conoce la recién fundada Colonia Tovar. Se dirige a  Mérida y a Maracaibo, conoce el Puerto de La Ceiba, los pueblos Trujillanos de Valera y Escuque. Realiza extraordinarias pinturas de los Andes y páramos. Una vez de regreso en Alemania exhibe sus “vistas” venezolanas, y es allí donde revivirá en muchas obras y ocasiones esta experiencia única vivida en tan corto periodo de tiempo.  Es quizás gracias a sus pinturas que el paisaje en nuestro contexto adquiere otra relevancia.

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Ferdinand Bellermann, La cueva del Guácharo (1874). Óleo sobre tela. 118.7 x 156.8 cm.
Ferdinand Bellermann, La cueva del Guácharo (1874). Óleo sobre tela. 118.7 x 156.8 cm.

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Lothar Baumgarten, Kultur-Natur (1971). Fotografía cromogénica. 64.5 x 82.5 cm.
Lothar Baumgarten, Kultur-Natur (1971). Fotografía cromogénica. 64.5 x 82.5 cm.

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Juan Downey, Yanomami Healing I (1977). Video. 51:27 min.
Juan Downey, Yanomami Healing I (1977). Video. 51:27 min.

Lothar Baumgarten y Juan Downey se internan, por separado y en diferentes años, en el alto Orinoco en plena selva amazónica para establecer relaciones directas con un mundo en el que no han sido convocados y al que intentan entender a través de sus trabajos. Downey experimenta con el video de una manera ecléctica, así como lo hace Baumgarten con múltiples medios.  Estas experiencias las trasladan a sus centros de operaciones y desde allí realizan una infinidad de obras que van de la mano con lo vivido y con lo reconstruido a partir de aquello y hasta para crear mitos alrededor de ellos.

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Auguste Morisot, Cerro Yapacana (Soleil Levant) (1886). Acuarela sobre papel. 8.3 x 19.7 cm.
Auguste Morisot, Cerro Yapacana (Soleil Levant) (1886). Acuarela sobre papel. 8.3 x 19.7 cm.

Auguste Morisot  llega a Venezuela en 1886, como parte de la expedición  que lidera el explorador francés Jean Chaffanjon. La exploración tenía como objetivo remontar el Orinoco hasta su afluente. En los 16 meses que dura el viaje, Morisot hace descripciones geográficas, estudia la fauna, la flora y la geología de la Cuenca, y hace observaciones y retratos de las costumbres y los modos de vida de los pueblos indígenas. Realiza un extenso trabajo en dibujo y acuarela, escribe su diario de viaje Journal d'exploration sur l'Orénoque, y desarrolla un herbario con reproducciones de todas las plantas mencionadas. El viaje de Morisot es en sí una de las grandes aventuras exploratorias de fines del siglo XIX, seguramente inspiración del libro "Le superbe Orénoque" de Julio Verne.

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Jules Verne, Le superbe Orénoque (1899). Libro. 18.5 x 28 cm.
Jules Verne, Le superbe Orénoque (1899). Libro. 18.5 x 28 cm.

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Anton Goering, The Cordillera. Venezuela with Travelers on a Road (1876). Acuarela sobre papel. 45.1 x 59.1 cm.
Anton Goering, The Cordillera. Venezuela with Travelers on a Road (1876). Acuarela sobre papel. 45.1 x 59.1 cm.

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Axel Hütte, Pico di Aguila, Venezuela (1998). Fotografía cromogénica. 137.5 x 188.5 cm.
Axel Hütte, Pico di Aguila, Venezuela (1998). Fotografía cromogénica. 137.5 x 188.5 cm.

Anton Goering pasó casi 8 años en Venezuela pintando, dibujando paisajes, recolectando y embalsamando aves. Recorre y admira la Cueva del Guácharo en Caripe, el río Orinoco en el Sur y el Lago de Valencia. Dieciocho años después de su partida de Venezuela en 1892, publica un libro en el que recoge sus experiencias vividas en el país; dicha obra, escrita en alemán, se titula Von Tropische tieflande zum ewigen schenee (“Desde las bajas tierras templadas hasta la nieves perpetuas”), y fue traducido en 1962 con motivo de los 150 años de la Universidad de los Andes, y publicado bajo el nombre de Venezuela, el más bello país tropical.  Aquí se me antoja la cercanía entre su pintura Páramo de Mucuchies y la fotografía cromogénica de Axel Hütte, Pico el Aguila de 1998.

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Richard Long, Walking a Line in Peru (1972).
Richard Long, Walking a Line in Peru (1972).

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Teresa Pereda, Cuando el agua calla (2006). Inmersiones de papel en humedales en la Patagonia.
Teresa Pereda, Cuando el agua calla (2006). Inmersiones de papel en humedales en la Patagonia.

El compromiso común y el respeto hacia los espacios que visitan o que habitan temporalmente es visible en las obras de Richard Long, Teresa Pereda y Ragna Róbertsdóttir. Entre ellos también se tejen relaciones múltiples: integran su trabajo directamente al paisaje, son sus elementos los que lo constituyen y lo hacen visible. El agua, las piedras, la conchas, los ríos, el viento…

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Ragna Róbertsdóttir. Izq: Shellscape (detalle)(2013). Bálanos. Der: Vista de instalación en i8 Gallery en Reykjavík.
Ragna Róbertsdóttir. Izq: Shellscape (detalle)(2013). Bálanos. Der: Vista de instalación en i8 Gallery en Reykjavík.

Un viaje es como una persona, no hay dos iguales.
Encontramos que después de años de lucha, 
es un viaje quien nos lleva

                    -John Steinbeck 

En memoria de mi padre con quién conocí Venezuela y en especial La Gran Sabana, en 1978, viajando en infinidad de ocasiones bajo la seguridad de su compañía.

A Viviane Chonchol , Luis Gamboa y Oscar Godoy, compañeros de viaje, amigos de morral (mochila) y tiendas de campaña, muchos kilómetros recorridos, cumbres alcanzadas y experiencias vividas.

Por las experiencias compartidas, noches de cartas y amistad a Axel Hütte y Katlen Hewel.

A Tere, mi abuela, que para mí siempre fue ese territorio desconocido de la Guayana, de la Canaima de Rómulo Gallegos,del territorio Taguachi y el inmenso Orinoco, solo alcanzable al cruzar la Chalana de Caruachi en el caudoloso, enigmático y oscuro Caroní . 

Al Tricaz.


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[2] Crowdfunding : Kickstarter / Fundanything

[3] Seis grados de separación